Hablar de retiro sin hablar de edad: la propuesta de Christina Wing para que la sucesión no llegue tarde
En un extracto de su libro publicado por HBR, la asesora de empresas familiares contrasta a un fundador de 90 años que no suelta el mando con una transición voluntaria en India.
Evitar las conversaciones francas sobre sucesión y retiro daña a las organizaciones, frena a los líderes emergentes y deja sin preparación a los ejecutivos veteranos, escribe Christina Wing en Harvard Business Review el 20 de octubre. El texto adapta su libro «Unspeakable: The Taboo Topics We Avoid and How to Talk About Them», de Harvard Business Review Press.
<p>Wing abre con una escena. Su dentista de 15 años, de unos 75, empezó a temblar con los instrumentos en la mano. Su hijo, también dentista en la consulta, intentó convencerlo de retirarse y terminó yéndose a otra práctica. Los pacientes se fueron, la consulta cerró en meses, higienistas y asistentes perdieron su empleo y padre e hijo dejaron de hablarse. Cuando el dentista murió, el pueblo lo recordó más por el riesgo que corrieron sus pacientes que por lo que había hecho por la comunidad.</p>
<p>Como asesora de empresas familiares, Wing dice que estas conversaciones siempre han sido difíciles porque mezclan competencia, preparación financiera, identidad, la calidad de la generación que viene y la capacidad del líder de adaptarse a su industria. Las leyes laborales y los buenos modales llevan a evitarlas, y las organizaciones actúan como si las personas no envejecieran ni perdieran habilidades. La autora ve el patrón en empresas cuyos fundadores de la generación del baby boom llegan a los 80 sin intención de apartarse.</p>
<p>Su propuesta tiene cuatro ideas. La primera es hablar de los requisitos del rol, el desempeño, el desarrollo y las necesidades de la organización, no de cumpleaños ni antigüedad; una pregunta como «¿Dónde te ves en cinco años?» sirve a cualquier edad. La segunda es tener un plan de reemplazo para cada puesto, no solo para el CEO, con conversaciones regulares sobre crecimiento y preparación. La tercera es reconocer que el miedo a perder identidad y propósito suele frenar a quien debe irse, y hablar de cómo se retirará, no solo de cuándo. La cuarta es presentar la sucesión como un acto de responsabilidad con la institución y no como un juicio sobre el valor de la persona.</p>
<p>Wing contrasta dos casos que escribió. Un empresario europeo cofundó una compañía de tecnología, dejó la dirección ejecutiva a los 65 por ley local y pasó a presidir la junta. Con una junta afín ha obtenido prórrogas de cinco años sobre el límite estatutario de 75 y, ya en sus 90, sigue mandando. «Debió retirarse hace años, y está dañando a su empresa al quedarse», escribe Wing, que enumera los costos: liderazgo confuso, menos oportunidades para la gerencia y unos hijos convertidos en líderes en espera. En Gera Developments, una inmobiliaria de India, Rohit Gera inició su propio relevo en 2020, a los 55 años y tras 27 al frente, y nombró a un profesional externo mientras prepara a la siguiente generación.</p>
<p>Desde la amnesia corporativa, la sucesión aplazada tiene un costo adicional. Cuando un fundador concentra las decisiones durante décadas, el criterio de la empresa vive en una sola cabeza y la gerencia nunca practica decidir. El día que esa persona se va, por retiro o por salud, la organización descubre que nunca documentó por qué hace lo que hace. En una empresa familiar dominicana, la conversación que propone Wing puede empezar por algo concreto: un mapa de qué decisiones dependen hoy de una sola persona y quién las tomaría mañana. Ese mapa le toca a la junta o al consejo de familia, con recursos humanos, y conviene revisarlo cada año, antes de que llegue la crisis.</p>
<p><em>Fuente: <a href="https://hbr.org/2026/10/leaders-must-speak-honestly-about-aging-at-work">Harvard Business Review: «Leaders Must Speak Honestly About Aging at Work»</a>, 20 de octubre de 2026.</em></p>